Pastor Tony Hancock

Edificando al pueblo de Dios... para la gloria de Dios

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La cremación
 
Hemos recibido la siguiente pregunta: Me gustaría saber su opinión sobre si un cristiano debe ser incinerado.
 
Respuesta:
 
Tradicionalmente, los creyentes en Cristo han elegido enterrar los cuerpos de los difuntos, señalando así su esperanza de la resurrección. La cremación generalmente se ha considerado una costumbre pagana.

La Biblia habla de la cremación, y aunque generalmente se ve como algo negativo o desastroso, no siempre es así; por ejemplo, Saul (rey de Israel) y sus hijos fueron cremados (ver 1 Samuel 31:12; también Josué 7:25, Amós 2:1, Amós 6:10). No podemos decir, entonces, que la cremación tenga prohibición bíblica.

Algunos se han preguntado qué será de los que han sido cremados, cuando llegue la resurrección. ¿Cómo podrán ser resucitados? Si nos ponemos a pensar, el problema no existe solamente para los que han sido calcinados, sino también para cualquier cuerpo que se ha descompuesto. En circunstancias húmedas, aun los huesos se deshacen dado suficiente tiempo.

Recordemos, sin embargo, que el cuerpo que Dios resucitará será diferente al que tenemos ahora, como lo aclara Pablo en 1 Corintios 15. Tendrá la misma identidad, es decir, nos podremos reconocer, pero no tendrá las mismas debilidades. Dado que es un cuerpo distinto, no le será necesario a Dios tener las materias que pertenecen al cuerpo actual para hacerlo.

De hecho, la ciencia ilumina este punto. Los cuerpos que tenemos ahora, aunque decimos que son los mismos, realmente se van transformando. Células mueren, y otras toman su lugar; es decir, las manos que tengo ahora no consisten en los mismos elementos que las manos que yo tenía hace 10 años. Alguien ha dicho que nuestro cuerpo no es una realidad estática, sino que es más como la curva de una catarata. La curva es constante, pero las moléculas de agua que la conforman cambian constantemente. Esto significa que no hay ningún problema con la idea de la resurrección, pues Dios nos dará cuerpos nuevos que representarán una continuación de nuestros cuerpos actuales, así como nuestros cuerpos actuales son los mismos y a la vez distintos a los que teníamos, digamos, hace 10 años.

Vemos, entonces, que no hay razones bíblicas para prohibir la cremación, y que esta práctica no presenta problemas insuperables para la resurrección. Lo que podemos decir es que la iglesia debe de apoyar la práctica del entierro de los cadáveres como testimonio de su esperanza en la resurrección, pero que no podemos condenar a quienes eligen la cremación.