Pastor Tony Hancock

Edificando al pueblo de Dios... para la gloria de Dios

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Envíenos sus preguntas acerca de la Biblia, la iglesia, la vida cristiana o cualquier otro tema aquí.  Incluya sus iniciales y su país de residencia.  Escogeremos algunas preguntas para contestar en este espacio para edificación del cuerpo de Cristo.

 

Puede leer las respuestas a preguntas anteriores usando los enlaces que aparecen a la izquierda.

 


 
¿Dios castiga o disciplina?
 
V.B. nos escribe de Costa Rica con la siguiente pregunta: ¿Dios castiga o disciplina, o las dos cosas?
 
Respuesta:

 

Según lo que encontramos en la Biblia, podemos decir que Dios disciplina y castiga.  En cuanto a su disciplina, la Biblia es muy clara en que Dios disciplina a sus hijos.  Un pasaje clásico es Hebreos 12.  Le cito los versos 5 al 9 (todas las citas son de la NVI): «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo.»  Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos?  Claramente, Dios disciplina a sus hijos.  Lo hace con el mismo fin que lo hacen los padres humanos: para formar buen carácter, para enseñarnos a obedecer, para que seamos más y más como él.  Cualquier problema que enfrentamos es una oportunidad para que Dios nos discipline, porque la disciplina no sólo viene como consecuencia de algún error; la disciplina consiste en cualquier cosa que ayuda a formar nuestro carácter y hacernos más como Cristo.  ¿Quiénes son los hijos de Dios?  Juan 1:12 es muy claro: Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.  Los que han recibido a Cristo como Señor y Salvador son hijos de Dios.  Como hijos de Dios, debemos de enfrentar cualquier prueba como una disciplina del Señor; nuevamente, no pensando siempre que es consecuencia de un error particular, sino como una oportunidad más para que el Señor forme nuestro carácter.

 

La Biblia también es muy clara en decir que Dios castiga a quienes lo rechazan.  Él es muy paciente, mucho más que nosotros; pero su santa ira viene contra los que constantemente lo rechazan, y convierten su bondad en un pretexto para pecar más.  Considere lo que dice Romanos 1:18-21: Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.  Observe que el apóstol Pablo escribe que la ira de Dios viene revelándose; no dice que se ha revelado, ni que se revelará (aunque ambas cosas son ciertas), sino que se viene revelando - tiempo presente.  Podemos ver en los desastres que vienen sobre el mundo la ira de Dios contra la maldad humana (aunque los justos muchas veces sufren con los pecadores), y sabemos que un día Dios juzgará a toda la humanidad, para dar a los que han persistido en su rebelión (es decir, nunca se han arrepentido ni han recibido a Cristo) lo que se merecen.  Este día se conoce como el día del Señor, y se menciona una y otra vez en los profetas, en las palabras de Jesús y en el libro de Apocalipsis.  Para citar sólo uno de los pasajes relevantes: Busquen al Señor, todos los humildes de la tierra, los que han puesto en práctica sus normas.  Busquen la justicia, busquen la humildad; tal vez encontrarán refugio en el día de la ira del Señor.  (Sofonías 2:3)  En la cruz, Jesús tomó sobre sí la ira del Señor contra el pecado para todo aquel que lo acepte; pero para los que no lo aceptan, este sacrificio se vuelve inútil y - por su propia decisión - quedan bajo la ira del Señor, y recibirán el pleno castigo de sus hechos.  Mateo 25:46 dice: E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

 

Como creyentes, podemos tener la seguridad de que Dios está usando toda situación para nuestro bien (Romanos 8:28), como una disciplina para formar nuestro carácter.  En cambio, si aún no hemos tomado la decisión de aceptar a Cristo como Señor y Salvador, tenemos que saber que nos tocará un día responderle a Dios por todos los pecados que hemos cometido.  En lugar de enfrentar su castigo, él nos invita a aceptar su perdón y ser libres en Cristo.

 

 

 
¿Hay una diferencia entre el Dios del Antiguo Testamento y Jesús?
 
Nos ha llegado la siguiente pregunta: Por un lado, Dios Padre pregona la compensación vengativa del ‘ojo por ojo’, mientras que por otro, Dios Hijo afirma lo contrario, es decir, no sólo NO tomarse venganza sino que derechamente amar al enemigo. Esta contradicción entre ambos mensajes se complica aún más cuando Jesús se hace testigo de su propia divinidad y afirma ser ‘uno’ con Dios.  ¿Hay una contradicción?
 
Respuesta:
 
La pregunta que usted plantea es una que muchos se han hecho, pero no es difícil de resolver. Para empezar, citamos Levítico 24:19-20: Y el que causare lesión en su prójimo, según hizo, así le sea hecho: rotura por rotura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él.  Esta es la llamada "lex talionis", o ley de la retribución.  Ahora bien, notemos que este pasaje habla en términos judiciales. Esto es evidente al leer el contexto, donde Moisés, como líder del pueblo, está operando en el aspecto gubernamental (esto también se nota, por ejemplo, en el verso 22, donde dice "el mismo estatuto tendréis para el extranjero"; la palabra "estatuto" indica que se habla de leyes). De ninguna manera, entonces, se puede usar este pasaje para enseñar que cada persona debe vengarse de quienes le hacen daño. Todo lo contrario; indica la clase de castigo que el gobierno debe de aplicar cuando hay desobediencia, y efectivamente limita el poder del gobierno. El pasaje pone un principio sumamente importante, que es que el castigo corresponda al crimen. En países que no observan este principio, puede  haber castigos que son mucho más grandes que el crimen; por ejemplo, que se le corte la mano al ladrón. Aquí, en cambio, claramente se dice - por ejemplo - que no se puede matar a la persona que roba o mata ganado. Es decir, el pasaje está limitando el poder gubernamental; de ninguna manera impone un principio de venganza personal.

Jesús llegó, entonces, para aclarar ciertos malentendidos que habían surgido acerca de la ley. Cuando él enseñó la ley del amor, no estaba enseñando algo nuevo; esto ya se encontraba en la ley.  Levítico 19:18 dice, No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová. Dentro de la sociedad había un principio de justicia arriba expuesto, aplicado por el gobierno; pero en el trato personal, la ley y el perdón tenían que regir. Sin embargo, la gente trastornó este mandato. Por esto, Jesús vino para corregir - NO el mandamiento, sino las malas interpretaciones. Por ejemplo, leemos en Mateo 5:43-44: Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. Leamos con cuidado lo que dice Jesús. En primer lugar, él dice: "Oísteis que fue dicho". No corrige lo escrito, sino lo que la gente ha oído - es decir, las interpretaciones equivocadas. En segundo lugar, la ley NUNCA dice "aborrecerás a tu enemigo". Esta frase indica que la gente había malinterpretado la ley acerca de amar al prójimo. Habián pensado que sólo tenían que amar a los de su clase, pero que podían odiar a los demás. Es por esto que Jesús cuenta la parábola del buen samaritano, para contestar la pregunta: ¿Quién es mi prójimo? Él simplemente aclara la intención original del mandamiento "Amarás a tu prójimo": tu prójimo es la persona necesitada que tienes en frente.

Podemos comprender ahora, entonces, lo que Jesús dice en Mateo 5:38-42 - Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.  Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito  y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.  Estos comentarios acerca de la lex talionis no se deben de entender como una corrección de la ley, sino de la mala interpretación de la ley; la gente había tomado una ley que tenía que ver con la forma de gobierno en Israel y la había aplicado a la vida privada, una aplicación incorrecta.

De hecho, cuando leemos el sermón del monte (Mateo 5-7), notamos que Jesús se presenta como alguien con autoridad única para interpretar y aclarar la intención original de la ley. ¿Quién puede aclarar la intención original de una obra literaria? Sólo el autor lo puede hacer.

Cuando leemos con cuidado tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, descubrimos a un Dios de justicia y de misericordia, y ambas cualidades se reflejan en ambos testamentos. Jesús, el que predicó el amor, también es el que dijo: Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. (Lucas 13:3) Jesús habló más acerca del infierno que del cielo. Al mismo tiempo, el Dios del Antiguo Testamento no es sólo un Dios de juicio, sino de amor y de misericordia; por ejemplo, perdonó a Nínive cuando esta ciudad se arrepintió (Jonás 3:10). Si leemos con cuidado, descubrimos que no hay ningún conflicto entre el Antiguo Testamento, sino que Dios es el mismo - y Jesús lo refleja perfectamente.